Cuenca 30/01/2018

Exitosa jornada de caza en Las Tejas con cerca de 40 cochinos abatidos
Este pasado sábado se organizaba una cacería de jabalí en la finca conquense de Las Tejas que destacó por la alta participación de los cazadores, el buen ambiente cinegético y las piezas cobradas tanto por el número como por el tamaño de algunos de los trofeos que se lograron.
Desde primeras horas de la mañana la jornada de caza en la finca Las Tejas ofrecía buenas sensaciones. Los cazadores se habían dado cita en la cercana localidad de Villarejo Periesteban donde se procedió al sorteo de los puestos y las armadas.

No podía faltar el tradicional almuerzo para almacenar fuerzas que a se necesitaría en una larga jornada de caza. También es importante fomentar la convivencia entre los participantes y para ello no hay nada mejor que compartir un par de huevos fritos y chorizo. No en vano, la caza juega un importante papel socializador en el mundo rural y sólo hay que recorrer las distintas cuadrillas para darse cuenta de ello. Muchos de los que allí se daban cita se conocían de jornadas similares, otros de nada en absoluto, pero todos comparten una pasión en común que les une.

Durante esos primeros momentos los comentarios de los puestos que habían tocado en suerte, los resultados de cacerías anteriores y las expectativas para la jornada que tenían por delante copaban las conversaciones. Poco a poco, las armadas se fueron formando y comenzaron a desfilar hacia sus respectivos puestos. Llegar hasta el lugar de aparcamiento señalado era ya una aventura en sí misma por la lluvia de los días anteriores. Camino de la finca se cambiaban impresiones entre veteranos y novatos, consejos para aprovechar las oportunidades de lances y ánimos entre los postores.

Llegados al campo el panorama cambia por completo. Lo que instantes antes eran animadas conversaciones se tornan en un respetuoso silencio. Los cazadores comienzan a cargar sus utensilios y dejan atrás los vehículos para adentrarse en el corazón del monte.

Uno a uno los cazadores van tomando sus respectivas posiciones en los puestos. Los jefes de las armadas realizan las últimas indicaciones de por donde pueden entrar los animales, la posición del resto de cazadores cercanos y las normas de seguridad. Lo primero es lo primero, garantizar que no pase nada para que la jornada se pueda disfrutar al máximo.

Mientras el cazador se queda en la soledad de su puesto contempla cómo el resto de compañeros desaparece por el monte. Observa el entorno, los caminos naturales que ha hecho la fauna, los mejores sitios para el disparo y se encomienda a la suerte. Preparase en el puesto es para algunos un ritual casi sagrado repitiendo los gestos que en ocasiones precedentes le han dado suerte.

A esas horas, ya es media mañana, el móvil marca temperaturas de dos grados positivos pero las sensaciones del cuerpo son más gratas para aquellos que han tenido la suerte de tener un puesto al resguardo del viento y cara al sol.

La voz del monte se apodera del momento pero dura muy poco. No pasa mucho tiempo cuando el viento comienza a traer el sonido de los primeros disparos. Detonaciones que cada vez se hacen más frecuentes y que pone en guardia a los postores. Los sentidos se agudizan en busca de cualquier pista que indique la presencia de la presa. Con la cercanía de las ladras, el corazón se acelera y el cazador se esfuerza por templar los nervios.

Ahora todo depende de la suerte. La caza es caprichosa y no siempre repite las mismas rutas de paso. La tensión de sentirse perseguida por los perros les hace ser menos prudentes y, al mismo tiempo, más impredecibles. Los disparos se suceden y las piezas comienzan a caer. Otras muchas se escapan. Quien piense que la labor del cazador es fácil es porque sin duda no ha estado nunca en su situación.

Al cabo de un tiempo el sonido de los disparos se aleja y se dispersa en el tiempo. Cuando la tensión se relaja la visita de algún perro rezagado ayuda a mantenerse en guardia. No es la primera vez que un cochino se ha vuelto al huir de otros cazadores y cae de lleno en medio de una armada.

Llegada la hora de levantar el puesto. El cazador espera impaciente a que lleguen el resto de compañeros deseoso de saber cómo le ha ido a sus hermanos de armas por un día. Mientras, hace un repaso mental de ese disparo certero o esa pieza que se le escapó cuando lo tenía todo a su favor.

Los disparos se han terminado, la cacería no. Queda lo mejor de la jornada. Primero hay que sacar los jabalíes abatidos a los caminos donde los coches los recogen mientras los cazadores, ahora sin miedo a hablar fuerte en medio de la espesura, comentan los lances con los más cercanos.

De vuelta al pueblo espera una suculenta y caliente comida para reponer fuerzas. Unas tradicionales judías hechas en la lumbre, como manda la tradición, y una caldereta de carne de caza, hace las delicias de los cazadores mientras comentan el resultado del día. La satisfacción entre los participantes es generalizada.

La organización también está satisfecha. “Se han recuperado 39 guarros y algunos más que se han quedado en el monte porque los perros se ha ensañado con ellos”, comenta Luis uno de los socios que no oculta que esperaba un número algo mayor por la abundancia de jabalí este año.

“Lo principal es que todo ha salido bien, no ha habido que lamentar ningún accidente que es lo más importante, y la gente se va satisfecha”, comenta con una mezcla de cansancio y satisfacción en el rostro mientras contempla la alfombra de gorrinos. Además del número, nada despreciable, entre ellos destacan algunas piezas de importancia. “Hay un par de trofeos muy importantes entre los abatidos y siete u ocho bastante buenos”.

Lógicamente en una mancha tan grande y con tantos puestos, alrededor de 90, no todo el mundo tiene la suerte de haber logrado abatir una presa, “pero ya sabemos que eso con la caza salvaje y sin ser cercados es lo que suele pasar” explica este veterano cazador que subraya que ahí reside el encanto de la caza.

Poco a poco los cazadores comienzan a emprender la marcha y las cuadrillas poco a poco se disuelven. Carlos, otro de los organizadores, aprovecha para hablar con algunos de los participante noveles en la montería para saber cómo ha ido el día. “¿Qué te ha parecido, tienes ganas de repetir?”, la respuesta no se hace esperar. “Nos vemos el año que viene”.